Antes de llegar a nuestras cocinas, cada Patata de Galicia pasa por meses de trabajo, seguimiento y cuidado en el campo. Para conocer este recorrido desde su origen, visitamos una parcela certificada de cuatro hectáreas situada en A Limia, sembrada en abril con patata de la variedad Kennebec.
Caminamos entre los surcos, observamos la floración y comprobamos cómo avanzan las plantas mientras, bajo la tierra, continúa el desarrollo de los tubérculos. A través de estas fotografías recorremos el proceso de cultivo de la Patata de Galicia y nos acercamos al trabajo diario que hace posible que llegue a nuestras cocinas con origen y garantía.
Una visita al lugar donde comienza todo
Al entrar en la parcela, lo primero que encontramos es un paisaje lleno de vida. Los surcos dibujan líneas sobre el terreno y las plantas cubren el campo con diferentes tonalidades de verde.
Pero lo que vemos en la superficie es solamente una parte del proceso. Mientras las hojas y los tallos continúan desarrollándose sobre la tierra, bajo ella tiene lugar la formación y el crecimiento de las patatas.
En esta parcela de cuatro hectáreas, sembrada en abril con patata de la variedad Kennebec, cada fase del cultivo se sigue con atención. El estado de las plantas, las condiciones del terreno y las necesidades de riego ayudan a los productores a conocer cómo avanza la temporada.
Entre los surcos de una parcela de Patata de Galicia
Recorrer una plantación de patatas permite apreciar detalles que normalmente pasan desapercibidos cuando vemos el producto ya preparado o envasado.
El sonido de los pasos sobre la tierra, el movimiento de las hojas con el viento y la disposición ordenada de los surcos forman parte de una escena cotidiana para quienes trabajan en el campo.
Durante estos meses, los productores observan constantemente el cultivo. Cada visita a la parcela permite comprobar el estado de las plantas y detectar sus necesidades. El proceso no consiste únicamente en sembrar y esperar: requiere seguimiento, experiencia y decisiones adaptadas a cada momento de la temporada.
Lo que sucede sobre la tierra
Las hojas cumplen una función fundamental durante el desarrollo del cultivo. A través de ellas, la planta capta la luz y obtiene la energía necesaria para continuar creciendo.
Por eso, observar su aspecto permite conocer parte de lo que está ocurriendo en la parcela. Su color, su tamaño y su evolución ofrecen información sobre el estado general de las plantas.
A simple vista, el campo puede parecer tranquilo. Sin embargo, cada día se producen pequeños cambios. Los tallos ganan altura, las hojas ocupan más espacio y las plantas continúan avanzando en su ciclo natural.
La floración es una de las etapas más visibles y fotogénicas del cultivo de la patata. Durante esta fase, pequeñas flores aparecen entre las hojas y transforman la imagen de las parcelas.
Mientras la planta florece sobre la superficie, bajo la tierra continúa el desarrollo de los tubérculos. Esta relación entre lo visible y lo que permanece oculto es una de las particularidades más interesantes del cultivo.
Las fotografías de esta etapa nos permiten detenernos en detalles que, desde lejos, podrían pasar inadvertidos. Cada flor forma parte de un proceso mucho más amplio que continúa fuera de nuestra vista, protegido por la tierra.
Bajo la tierra continúa el proceso
Aunque todavía no podamos ver el resultado final, las futuras patatas se están desarrollando bajo nuestros pies.
La tierra no es solamente el espacio en el que crecen. Es el entorno que las protege y las acompaña durante todo el proceso. Sus características, junto con las condiciones climáticas y el trabajo de los productores, influyen en la evolución del cultivo.
Por eso, tocar la tierra, comprobar su estado y observar cómo responde la planta son gestos habituales durante la temporada. Buena parte del conocimiento de los productores nace precisamente de esa relación directa y constante con la parcela.
El cuidado diario que no siempre se ve
Detrás de cada imagen del cultivo existe un trabajo que se desarrolla día tras día. Los productores recorren las parcelas, observan las plantas y realizan las labores necesarias para acompañar su crecimiento.
El riego es uno de los trabajos que forman parte de este seguimiento. Debe adaptarse al momento del cultivo, al estado de la tierra y a las condiciones meteorológicas. No todos los días son iguales y, por eso, la experiencia resulta fundamental para interpretar las necesidades de la plantación.
Este cuidado diario no suele verse cuando la patata llega al punto de venta, pero forma parte de su historia y de su calidad.
De la parcela a nuestras cocinas
Estas fotografías muestran algunos instantes de la temporada, pero detrás de cada imagen hay meses de trabajo, observación y conocimiento del campo.
La calidad de la Patata de Galicia certificada comienza mucho antes de llegar al punto de venta: nace en la parcela, en el cuidado del cultivo y en las decisiones que los productores toman durante cada etapa.
Conocer este recorrido nos ayuda a valorar de otra manera un alimento cotidiano y a reconocer la importancia de elegir una patata con origen y garantía.








